Los megaproyectos son iniciativas con gran presupuesto, costes de ejecución y notoriedad en su entorno. Se trata por lo tanto, de un proyecto con una inversión de gran envergadura y esfuerzo en todos los sentidos. Generalmente son apuestas muy ambiciosas, y con frecuencia sufren la sobreestimación del resultado de los mismos, además de un sobrecoste debido a una falta de previsión de los recursos necesarios.

Muchos de los megaproyectos, independientemente del área empresarial sobre la que se gestan, son sinónimo de descalabro. Todos además, son grandes agentes del cambio y se hacen eco en la sociedad que les rodea. Las obras del ave, el soterramiento de la m-30, la presa de las tres gargantas… son ejemplos que a todos nos suenan porque llegan a los periódicos por tratarse de obras civiles de dinero público. Pero hay miles de proyectos acometidos cada año por las empresas, que sufren los mismos síntomas en muy diferentes áreas: automoción, Ingeniería del Software, banca, publicidad… y todos ellos captan la atención de los compañeros de su gremio y en general de toda la empresa de manera transversal.

Los megaproyectos se basan en un principio muy sencillo: la tendencia del ser humano hacia la megalomanía, sin pensar en las posibles consecuencias negativas de un sobrecoste, o de las repercusiones ocasionadas por el fallo o la falta de dimensionamiento. Pero seamos francos, a todos los poderosos les seduce el megaproyecto. Llegar a la luna, invadir un país enemigo, hacer un puente entre dos continentes… son proyectos que atraen hasta a la persona más discreta.

Cuando uno tiene una gran opinión de sí mismo, se cree superior a los demás y piensa que tiene un propósito en la vida superior. Se trata de un concepto muy ligado al existencialismo y a la sensación de poder, (el sentido de mi vida es hacer algo grande porque puedo hacerlo) que en muchas ocasiones viene alimentado por el “gusto” por el poder y una excesiva confianza en tu capacidad de cambio. Las personas artífices del cambio suelen ser carismáticos, con cierto status y valoración social, fundamentado por su éxito laboral, y a veces esconden una patología peligrosa para su entorno.

Dicen los expertos, que el sobrecoste en megaproyectos ronda el 20% – 50% de media de los recursos iniciales. Y ahora es cuando puedo hablaros del síndrome “kitchen sink“, que se suele cebar sobre estos megaproyectos. Este patrón, en gestión de proyectos, habla de cambios incontrolables sobre el ámbito de un proyecto, causados generalmente por falta de definición de los objetivos del mismo, y un control adecuado sobre él, y se suele cebar en este tipo de proyectos, donde el factor de entropía causado por su tamaño puede llegar a poner en riesgo su éxito.

Y bien avanzado el desarrollo es cuando los megaproyectos ofrecen su peor expresión. Las nuevas mejoras o productos que cubren estas incontingencias, provocan incrementos en presupuestos, retrasos, nuevos recursos a contratar, tareas extra a acometer por la plantilla inicial, desviaciones en el rumbo del proyecto completo… un reto de difícil superación incluso para los más experimentados directores de proyecto.

¿La solución? Nadie la tiene, aunque ayuda tener una definición clara de los objetivos del proyecto que permita centrarse en la consecución de los mismos puede ser la clave para no verse seducido por un proyecto que lo único que le sustenta es su propia magnanimidad. Y en el proceso de describir los objetivos al detalle, es cuando puedes descubrir que un proyecto alimentado de manera iterativa puede llegar a obtener mejores resultados que el megaproyecto por el simple hecho de saber retroceder a tiempo y adecuar el objetivo en función de los resultados.

Nadie tiene la fórmula del éxito, y atrincherarse contra la idea de que los megaproyectos son el demonio, habría privado a la humanidad de muchos de sus grandes logros. ¿Sabremos llevar a cabo de nuestro próximo megaproyecto? ¿Sabremos distinguir aquellos megaproyectos con sentido de los megaproyectos tóxicos? Seguro que riesgos no nos van a faltar en el camino. ¿Lo que hacemos en vida tiene su eco en la eternidad? Que la muerte tiemble al recibirnos.